María Soledad (Marisol) es una mujer bajita, menuda y morena de treinta y seis años aunque, físicamente, parece una chavala en plena adolescencia. Aunque no se considera guapa, es atractiva y sabe ganarse a la gente con su afabilidad, cordialidad y simpatía. La agrada vestir en plan juvenil e informal, alternando faldas con pantalones, pero siempre con decoro, limpieza, pulcritud y sin querer llamar la atención ya que jamás ha pretendido mostrarse como una fémina sugerente ni mucho menos fácil en el terreno sexual.
Como en su casa hacía falta dinero ya que, mientras su padre pasaba más tiempo en la taberna que atendiendo las tierras de cultivo que poseía, su madre procreaba con demasiada rapidez juntándose con una familia numerosa de diez hijos, al ser la mayor, cuándo llegó a la pubertad y a pesar de que valía para ello, tuvo que dejar sus estudios. Con trece años recién cumplidos sus padres la enviaron a la capital donde la habían encontrado una ocupación laboral, como acompañante y criada, de una mujer de edad avanzada, viuda, obesa y con una movilidad bastante limitada a cuenta de sus múltiples afecciones reumáticas. Aunque la fémina tenía un carácter muy fuerte y se enfadaba por casi todo, Marisol supo hacerse a ella mientras los hijos de la mujer procuraban que no la faltara de nada; la pagaban un buen sueldo y tenían continuas atenciones con ella. Marisol, que se acostumbró a soportar broncas, malas caras y algunas vejaciones por parte de la fémina, permaneció junto a ella durante más de tres años. Durante este periodo mantuvo su primer y único noviazgo que duró poco más de cuatro meses y en el terreno sexual no pasó de la masturbación mutua. Su ruptura coincidió con un periodo de claro decaimiento de la mujer para la que trabajaba hasta el punto de que la diversidad de enfermedades que la afectaban terminó con ella después de pasar una larga temporada hospitalizada.
Los hijos de la fallecida la dieron una buena gratificación por sus servicios; la facilitaron unos informes excelentes y la dejaron residir en la vivienda hasta que, sin tener que desplazarse a otro lugar, consiguió encontrar otro trabajo en el domicilio de un matrimonio que tenía tres hijos. Marisol comenzó a servir en aquella casa con diecisiete años. A Raúl, el hijo mayor, le gustó mucho la cría y decidió chantajearla para lograr sus favores sexuales. A base de amenazarla diciéndola que si no hacía todo lo que él la pidiera se ocuparía de que sus padres la echaran y dándola tan malas referencias que la iba a resultar sumamente complicado encontrar otro trabajo de esa índole, consiguió que la joven le dejara tocarla, masturbarla, acompañarla al water cada vez que tenía necesidad de mear ó cagar y que, a pesar de que tuvo que enseñarla a realizar las felaciones, se prodigara en hacerle mamadas y pajas. De esta manera, el chico pudo comprobar que Marisol, además de tener muy abiertos los labios vaginales, “rompía” con facilidad e intensidad y que cada vez que llegaba al clímax echaba unos chorritos de pis para culminar meándose en toda regla al alcanzar el tercer orgasmo. Como la joven le excitaba decidió acostarse con ella por las noches para follársela. Marisol se opuso y le dijo que, si seguía adelante con sus planes, tendría que comentárselo a sus padres. Raúl logró intimidarla al decirla que la marcaría para el resto de su vida si abría la boca y que permitiría que todos los integrantes de su grupo de amigos se la tiraran en la calle si no accedía a hacerlo con él. A la cría no la quedó más remedio que volver a acceder a sus deseos. Aunque intentó no mostrarse demasiado participativa, se dejaba hacer y el chico, que estaba dotado de un pene de una longitud bastante normal pero que se le ponía duro y gordo con facilidad, la echaba casi todas las noches un buen polvo. La joven, a pesar de se encontraba muy incomoda con aquella situación, no podía evitar llegar al clímax y al hacerlo, expulsaba los habituales chorritos de pis con los que el chico se “animaba” todavía más y no tardaba en echarla la leche. Pero su situación se complicó cuándo Anabel, la hermana de Raúl, les pilló en plena acción una noche que regresó muy tarde a casa. Llegaron al acuerdo de que no diría nada si Marisol y su hermano mantenían en secreto la hora en que había vuelto pero, al pensar que podía tener consecuencias muy serias que sus padres se llegaran a enterar de la relación sexual que su hermano mantenía con la sirvienta, decidió usarles como “tapadera” para, siempre que quería, regresar a casa a horas intempestivas además de conseguir poder estar presente en sus sesiones sexuales para presenciar como Raúl se tiraba a Marisol. Aunque lo acordado fue que sólo mirara, no tardó en participar activamente haciendo que su hermano se follara a la cría colocada a cuatro patas de manera que ella la pudiera obligar a comerla la almeja sin descanso hasta varios minutos después de que su hermano hubiera “descargado” y siempre muy a gusto, dentro del chocho de la joven a la que aquella actividad sexual lesbica la daba asco y repugnancia y más desde el momento en que Anabel empezó a mearse en su boca. Semanas más tarde, Anabel decidió que, las noches en que Raúl no tuviera previsto follársela, Marisol la acompañara en sus escapadas nocturnas al “picadero” de Pablo, su supuesto novio, con el propósito de hacer un trío y que el chico, dotado de una pilila de unas dimensiones bastante aceptables y de una gran potencia sexual ya que era capaz de echar de tres a cuatro polvos en una misma sesión, se la cepillara después de tirarse a Anabel.
Pero tanto fue el cántaro a la fuente que, al final, Marisol quedó preñada. Raúl no quiso saber nada y se limitó a echar las culpas a Pablo. Cuándo la cría lo comentó con los padres del chico estos, sonriendo, la dijeron que su hijo “no la tenía de piedra” y que si ella no se había molestado en tomar medidas para evitarlo, era normal que acabara en estado. Además la insinuaron que fuera pensando en abandonar su casa ya que con “bombo” y con una movilidad cada vez más reducida no iba a poder ocuparse debidamente de las labores domesticas. La joven pensó en abortar y regresar al pueblo pero, en aquel entonces, los centros de interrupción voluntaria del embarazo eran escasos y al ser menor de edad la exigían la oportuna autorización escrita de sus padres. Cuándo lo comentó telefónicamente con su madre esta la hizo ver que no tenía que haber aceptado el chantaje y que a las primeras de cambio debía de haber abandonado aquella casa y que, aunque al principio se opuso, al final sus relaciones sexuales fueron consentidas por lo que debía atenerse a las consecuencias engendrando y dando a la luz a su hijo. Viendo que todo se la ponía en contra empezó a deprimirse. Fue entonces cuándo Pablo, que acababa de cumplir veintiún años, la dijo que había roto su relación con Anabel al considerar que no podía sacar más provecho de semejante golfa y la propuso que dejara de inmediato de trabajar en aquella casa para irse a vivir con él ya que, aunque no tenía otra ocupación conocida que ir detrás de las chicas, sus padres no le negaban nada y podía sacarles todo el dinero que fuera necesario para mantenerla a ella y a su hijo. Marisol no se lo pensó y harta de que Anabel y Raúl la llamaran puta a todas horas, aceptó y aquella misma tarde se trasladó a la buhardilla que el chico usaba como “picadero”, que ella conocía muy bien y que disponía de una habitación, salón y cocina, todo ello de unas dimensiones muy reducidas. El water, que carecía de cerrojo, estaba situado en el rellano de la escalera y había que compartirlo con la familia que ocupaba la otra buhardilla del edificio por lo que decidieron usar orinales para hacer sus necesidades. Marisol no tardó en darse cuenta de que a Pablo le excitaba verla mear y cagar de la misma forma que le agradaba que ella estuviera presente y colaborara sosteniéndole la polla ó limpiándole el culo con papel higiénico, cuándo él lo hacía. A pesar de que casi no disponían de espacio para moverse, su convivencia durante las primeras semanas fue más que aceptable y Pablo, sabiendo que Marisol no le iba a negar nada después de lo que había hecho por ella, sacó todo el provecho sexual que pudo de la joven a la que no tardó en hacer perder su virginidad anal comprobando que, además de ser muy meona, era una hembra de cagada fácil que liberaba su esfínter en cuanto la penetraba por el trasero. Las malas compañías hicieron que comenzara a beber más de lo debido y se volviera sádico y violento. Le gustaba que la joven le echara, dos ó tres veces al día, su pis en el rabo; que se meara mientras se la follaba tanto vaginal como analmente y que, cuándo la daba por el culo, se cagara hasta el momento en que, al echarla la leche, su diarrea se incrementaba notablemente obligándoles a finalizar su actividad sexual. Al cabo de unas semanas decidió que era mucho más excitante que, antes de penetrarla por el trasero, la provocara la salida masiva de su caca haciendo que se colocara boca abajo sobre sus piernas para hurgarla con sus dedos, con fuerza y en todas las direcciones, en el interior del culo hasta que, con relativa facilidad, conseguía su propósito. Mientras contemplaba entusiasmado como la mierda caía al suelo, le gustaba insultarla llamándola cagona, cerda y golfa. De esta manera consiguió que Marisol soportara la penetración anal y que no se cagara hasta después de que la mojara con su leche. Pero no contento con aquello encontró apasionante el pegarla antes de tirársela alegando que, dándola una paliza previa, se “ponía” mucho más y que, cuándo la penetraba, la cría cooperaba mejor y era más obediente. La actitud violenta de Pablo originó que dejara de ser multiorgasmica y que, aunque estuviera totalmente salida, la resultara bastante costoso llegar al clímax y sin la posibilidad de que aquellos momentos de intenso placer sexual se volvieran a repetir hasta el día siguiente.
Pero el tiempo fue pasando y el “bombo” de Marisol se hizo más que evidente. El chico vio que el embarazo de la joven era una excelente oportunidad para sacar un dinero extra y empezó a invitar a su casa, en la que malamente podían moverse Marisol y él, a sus amigos a los que, prometiéndoles una interesante velada sexual, cobraba previamente. Pablo la dio unas cuantas palizas delante de ellos hasta que consiguió que la joven accediera a hacer todo aquello que la dijera. A una parte de los “visitantes” les agradaba ver a la cría completamente desnuda y sobarla antes de hacerse una paja mientras la tocaban su abierta raja vaginal para, en cuanto estaban a punto de correrse, obligarla a doblarse convenientemente de manera que, mientras chupaba el pene a uno de ellos, otro la penetraba vaginalmente para correrse ambos con rapidez en la boca y en el coño de Marisol. Había otros que lo que querían era cepillársela sin más y obligando a Marisol a ponerse a cuatro patas ó a hacer un “emparedado”, la metían la pilila vaginal y analmente hasta que “descargaban” en su interior. Pero el trato resultó aún más vejatorio cuándo comenzó a tener leche materna en las tetas ya que, entonces, volvió a aparecer Anabel, que era quien había ideado aquel plan y además de mearse encima de ella siempre que la apetecía, estaba presente en la mayor parte de las sesiones sexuales que Marisol se veía obligada a mantener con los amigos de Pablo asegurándose de que ninguno de ellos utilizaba condón para penetrarla y se ocupaba un par de veces al día de mamarla las tetas para vaciárselas al mismo tiempo que la masturbaba con dos y tres dedos. Como la joven no era capaz de llegar más de una vez al día al clímax, la forzaba para provocarla orgasmos secos y dejarla exhausta, revuelta y sin fuerzas. Raúl, aparte de ganar mucho dinero, disfrutaba con ello y además de no parar de insultarla durante el día y de cepillársela casi todas las noches, cada semana la obligaba a hacerlo con más frecuencia ya que, según la decía, el “bombo” y la leche materna no iban a durar toda la vida. Sus amigos, completamente borrachos, la quemaron una noche el clítoris y los pezones; la depilaron tirando de los pelos púbicos y entre carcajadas, la introdujeron cigarrillos encendidos en el culo y en la seta diciéndola que si se quemaba sólo de ella sería la culpa. Cuándo “rompió aguas” Pablo decidió follársela y lo hizo con tanta lentitud que, cuándo Marisol llegó al hospital, la almeja estaba tan dilatada que, tras un “fisting” vaginal de la matrona, entró directamente al paritorio.
Después de dar a luz a una niña tan guapa como ella, a la que había decidido llamar Rosana, nadie la visitó mientras estuvo internada. Cuándo las dieron de alta decidió regresar al pueblo pero su padre la dijo por teléfono que ya tenía bastantes bocas para alimentar y que ella y su hija se buscaran la vida. Como no tenía a donde ir se dirigió a la buhardilla pensando en que, gracias a la cría, dejaría de ser un objeto sexual al servicio de Pablo y sus amigos. Allí la estaba esperando el chico que, totalmente borracho y a pesar de la oposición de Marisol, la rompió toda la ropa y no tardó en darla por el culo. Durante más de un mes volvió a verse ultrajada por su pareja que quería que, a todas horas y en cualquier lugar, le chupara la polla y le dejara encularla aunque tenía el consuelo de que, al menos, respetaba su periodo post parto al no penetrarla vaginalmente ni llevar a casa a sus amigos. Una mañana, tras haberse pasado la noche dándola por el culo, la dijo que, considerando que no podía sacar más partido sexual de ella, había decidido, de acuerdo con Anabel, cederla indefinidamente la buhardilla como agradecimiento por su sumisión y por los excelentes servicios que les había prestado. Ese mismo día, por la tarde, Anabel y Pablo se fueron a vivir a otra ciudad en la que, al parecer, les esperaba un buen plan y desde ese momento Marisol no ha vuelto a saber más de ellos.
Aunque tenía solucionado el tema de su residencia, quedaba el de la manutención de su hija y el de ella por lo que, contando con la colaboración de la familia que residía en la otra buhardilla que gustosamente se quedaba a cargo de Rosana, se puso a trabajar en lo que sabía que era ocupándose de las labores domesticas. No tardó en conseguir ocupación laboral como asistenta en varias casas. Más tarde consiguió localizar y hablar con los padres de Pablo que se escandalizaron del comportamiento de su hijo y como la chica no quiso dinero pusieron a su nombre la vieja buhardilla en la que vivía. Marisol ahorró hasta el último céntimo de lo que ganaba con la idea de reformarla por completo puesto que, tirando los tabiques, podía obtener mayor amplitud y disponer de una nueva habitación y del anhelado water. La costó mucho poder llevarlo a cabo pero, finalmente y soportando todo tipo de incomodidades durante las obras, lo logró. Lloró de alegría al ver que Rosana y ella disponían de una casa pequeña, pero acogedora y con buen número de comodidades. A lo que se mostró muy reacia fue a entablar nuevas relaciones sentimentales alegando que los hombres la habían marcado y no sólo el cuerpo por lo que quería repudiarlos durante el resto de su vida.
Pero el tiempo fue pasando. Rosana creció y con siete años cumplidos, al comenzar a estudiar el segundo curso de primaria, Marisol la inscribió en la parroquia para que la tarde de los sábados fuera a catequesis. En la reunión de padres previa a su inicio coincidió con los progenitores, cuatro madres y dos padres, de los otros seis niños que iban a compartir las clases con su hija. Sin saber exactamente porqué y aunque el acto no duró más de medía hora, no pudo centrarse en la asamblea ya que su mirada se dirigía, una y otra vez, hacia el padre de otra niña que se llama David. Después de muchos años volvía a sentirse atraída por un hombre e incluso, llegó a mojarse ligeramente y acabó bastante incomoda la reunión.
Cada sábado coincidía con David al acompañar a su hija a la catequesis pero no conseguía que el hombre, que tenía cuarenta y dos años, se fijara en ella. Decidió comprarse una falda corta con muy poca tela y un pantalón blanco muy ceñido en el que se la marcaban a la perfección la braga y las curvas. Solamente se ponía estas prendas los sábados y domingos con la intención de que el hombre la mirara, cosa que logró con rapidez aunque no así el acercamiento que ella pretendía. David y bastante complacido por ello, empezó a mostrarse interesado por ella después de ver que todos los sábados y mientras las demás hembras, con aire altivo, no saludaban a nadie y se limitaban a lucir sus “modelitos”, Marisol, siempre sonriente y con un aire desenfadado y sencillo, daba las buenas tardes a todos.
Pasaron algunas semanas antes de que Rosana se indispusiera llegando a perder el conocimiento mientras asistía a la misa dominical. A la cría la debió de hacer algún tipo de reacción el jarabe con antibióticos que había comenzado a tomar la noche anterior para combatir el catarro bronquial que padecía y después de notar una sensación rara, se desplomó y cayó al suelo. La religiosa que se encargaba de que los niños guardaran la debida compostura en el templo y David fueron los más rápidos en acudir en su ayuda. La monja estuvo pendiente de que, al recuperar la conciencia, permaneciera unos momentos acostada y como no podía abandonar su cometido sin que se produjera una desbandada general de críos, David, tras informarse de que al haberse levantado tarde su madre la había acompañado hasta la puerta de la iglesia para volver a su domicilio con intención de hacer las camas, recogió a su hija Paula, se aseguró de que se encontraba bien y ayudándola a incorporarse, la sacó de la iglesia y la llevó hasta su casa donde encontraron a su madre ocupada en las labores domésticas.
Aquel gesto hizo que Marisol se sintiera aún más atraída e interesada por David y no cejó en su empeño hasta que consiguió su anhelado acercamiento al hombre. Sabiendo que los sábados, tras dejar a Paula en la catequesis, aprovechaba la hora y medía que duraba la clase para darse un paseo, Marisol se ofreció a acompañarle. De esta forma, además de hablar, se hizo habitual que tomaran un café en algún establecimiento tranquilo. Con el paso de las semanas y cuándo David se interesó por ello, Marisol no quiso hacer ninguna referencia a la nefasta vida sexual que había llevado años atrás y se limitó a decirle que estaba separada y que el haberse casado con el padre de Rosana fue la mayor equivocación de su vida. Por su parte, David se mostró sincero y la contó que, aparte de que desde muy joven le gustaba ponerse boca abajo en la cama y moverse para frotar su rabo contra la sabana hasta echar la leche, había tenido varias novias y una más que aceptable vida sexual antes de conocer a su actual pareja, María y decidir vivir juntos. Su convivencia resultó bastante satisfactoria hasta que, después de dejarla preñada y dar a luz a Paula, se vio afectada por una severa depresión post parto que los médicos tardaron mucho tiempo en diagnosticarla empezando a recibir asistencia psiquiátrica casi al mismo tiempo que comenzaba con los síntomas de una menopausia precoz que terminó por cambiarla por completo el carácter y hacerla perder su deseo sexual. David la comentó que llevaba varios años pasando mucho “hambre” sexual y comiéndose con los ojos a la mayoría de las mujeres con las que se cruzaba ya que la única actividad que desarrollaba con María consistía y de vez en cuando, en hacerle una paja para, en cuanto se corría, aprovechar la ocasión para sacarle dinero que era algo que no se cansaba de pedir. Sus amigos le aconsejaban que se limitara a darla una cantidad semanal y que, si quería más, se pusiera a trabajar y que él se gastara todo lo extraordinario que su pareja le sacaba en satisfacerse sexualmente con putas pero que, pensando en su hija, no se sentía capaz de hacerlo.
A la semana siguiente Marisol decidió contarle toda la verdad sobre su vida sin ocultarle que, tras muchos años manteniéndolo completamente seco, su chocho volvía a mojarse cada vez que estaba a su lado por lo que le propuso, a pesar de que no se encontraba en disposición de que la penetrara, aliviarle su abstinencia sexual haciéndole pajas que podía realizarle en su domicilio aprovechando los noventa minutos de que disponían los sábados mientras sus hijas estaban en la catequesis y los tres cuartos de hora que solía durar la misa de la mañana de los domingos a la que tenían que asistir las crías. David se lo pensó y Marisol, viéndole dudar, le animó a llevar a cabo su propuesta. Al día siguiente y tras dejar a sus respectivas hijas en misa, David y Marisol se dirigieron a la vivienda de esta última. La fémina, viendo que aún no estaba demasiado convencido de obrar correctamente, le recordó que no disponían de mucho tiempo por lo que le pidió que se desnudara y se tumbara en la cama, que estaba sin hacer. En cuanto David se quitó la ropa, Marisol, asombrada, exclamó: “¡Dios mío!, menuda pedazo de pene y que huevazos”. “No me imaginaba que pudiera haberlos tan grandes y gordos”. El hombre se acostó, abrió sus piernas y Marisol, acomodándose a su lado, comenzó a tocarle la pilila y los testículos mientras David, por fin, se decidía a besarla en la boca lleno de pasión. La mujer empezó a moverle lentamente la polla interesándose por conocer la longitud que alcanzaba totalmente erecta. David la contestó que nunca había sentido curiosidad por saberlo y que, por ello, no se la había medido pero que, a ojo, era evidente que superaba los veinte centímetros. Marisol, manteniendo su mirada fija en el rabo y en los huevos, observó que el pene había alcanzado su total erección. Bajándole de golpe toda la piel, siguió moviéndoselo muy despacio al mismo tiempo que le pasaba la lengua por la abertura. Enseguida sintió que los huevos se predisponían para la eminente corrida y que a David, pletórico y con ganas, se le movían las piernas. Pocos segundos más tarde, a pesar de los esfuerzos del hombre por retener un poco más su salida y en espesos y largos chorros, echó una descomunal cantidad de leche que fue cayendo en su cuerpo y en la sabana de la cama. Marisol, que en los instantes finales había incrementado considerablemente el ritmo de sus movimientos queriendo aumentar el gusto previo a la corrida, exclamó: “Madre mía, nunca había visto tanta leche”. Mientras recogía el semen con su lengua, siguió “cascándosela” y se interesó por saber si era capaz de echar más “quiquis” en una misma sesión y tan abundantes. David la contestó que, aunque en algunas ocasiones y encontrándose muy excitado había repetido y más de una vez, lo normal era que abandonara su actividad sexual después de una única corrida y que, generalmente, su leche solía salir de manera copiosa. La fémina le aseguró que si conseguía echar el semen en más de una ocasión lo haría sintiendo un gusto mucho más largo e intenso y soltando una mayor cantidad de leche. Acto seguido, procedió a chuparle la pilila muy lentamente, queriendo saborearla y deleitarse con aquel miembro viril, sin dejar de acariciarle los huevos hasta que el hombre la comentó que, aunque le gustaba que se la chupara así, tenía necesidad de mear y Marisol, ayudándole a levantarse, le acompañó al water, le sostuvo la polla mientras meaba y se la movió convenientemente para que echara las últimas gotas de pis. Después, bajándose ligeramente el pantalón y la braga y poniéndose en cuclillas, ella hizo lo propio delante de David mientras le indicaba que se había excitado mucho y que estaba muy mojada. Aunque el hombre no había tardado en correrse, no tenían tiempo para más y tras ayudarle a vestirse, se encaminaron, sumamente complacidos, a la parroquia para recoger a sus hijas.
A partir de aquel día se hizo habitual que, los sábados por la tarde mientras se desarrollaba la catequesis y los domingos por la mañana aprovechando la misa dominical, repitieran su experiencia sexual en casa de Marisol que se prodigaba en hacerle mamadas, sin importarla que se corriera en su boca y pajas. La hembra fue descubriendo, poco a poco, que el rabo se le ponía totalmente tieso, sin necesidad de que se lo tocara, al acariciarle los huevos y que el hombre se corría con más gusto, intensidad y rapidez, logrando echar una mayor cantidad de leche si mientras le realizara la felación ó la paja le hurgaba en el culo en todas las direcciones con sus dedos y le hacía apretar hasta conseguir que, sintiendo mucho placer en el trasero y a punto de cagarse, no lograra estar muy seguro de si lo que iba a salir al exterior era su leche ó su mierda. Marisol, aunque estaba sumamente contenta con las excepcionales dimensiones del pene de David y sus monumentales corridas, se propuso como un reto personal el conseguir que se habituara a correrse, al menos, un par de veces por sesión por lo que, después de lograr que la pilila no perdiera la erección hasta que pasaba varios minutos sin actividad, continuó incansable con su labor. David, alentado por la fémina, sentía mucho gusto pero la leche se resistía a volver a hacer acto de presencia y empezaba a desesperarse pensando que Marisol se iba a terminar cansando ante tantos “gatillazos”. Pero la fémina era muy perseverante y al final, dio con la manera de conseguir su propósito. Se decidió a masajearle ligeramente la polla y los huevos después de su primera corrida y le pidió que la contara lo sucedido en la ocasión en que más veces se había corrido. David la indicó que fue con una chica joven, de nacionalidad cubana, con la que entabló amistad en uno de sus viajes. Se conocieron en una reunión y comieron juntos. Al tener ambos libre la tarde decidieron pasear por una amplia zona de árboles a las afueras de la ciudad. Además de besarse, restregaron repetidamente su cuerpo el uno contra el otro y la chica, notando las excepcionales dimensiones que había adquirido el miembro viril de David, le “alivió” haciéndole una paja al aire libre con la que le “ordeñó” la leche. Pero ella también estaba muy caliente por lo que decidieron cenar pronto y a las nueve y medía de la noche entraban en la habitación del hotel. La chica, con gran experiencia en el tema puesto que había estado dedicada a atender al turismo sexual que llegaba a la isla, supo mantenerle tan excitado que, doce horas más tarde y a base de cabalgadas, mamadas y pajas le había sacado la leche en ocho ocasiones antes de que David la diera por el culo durante más de medía hora, primero haciendo que se colocara a cuatro patas y más tarde a través de una intensa cabalgada anal. Finalizaron la sesión mezclando sus meadas matinales para bebérselas al mismo tiempo que desayunaban la mierda que, en dos ocasiones, la chica había expulsado tras encularla. Al acabar su relato, el rabo se encontraba completamente tieso y en buena disposición de echar más leche por lo que haciéndole una paja con movimientos rápidos, al mismo tiempo que le mantenía bajada toda la piel y le pasaba el dedo gordo por la abertura, consiguió que David, sintiendo un gusto muy intenso y largo, soltara por segunda vez una impresionante cantidad de leche. Aún la estaba echando y con fuerza, cuándo a los chorros de semen se unió una impresionante meada lo que hizo que Marisol, entusiasmada, exclamara: “Nunca había visto nada igual; te estás corriendo y haciendo pis a la vez; es increíble; que gusto; lo que daría por tener una cámara de vídeo con la que poder grabarlo para recrearme viéndolo una y otra vez”.
La mujer se sentía tan gratificada que decidió quitarse la ropa para permitir que David la viera por primera vez completamente desnuda y pudiera recrearse apretándola y mamándola las tetas; tocándola el culo con especial atención a su ano, que la lamió y penetró con dos dedos provocándola con mucha rapidez la cagada para, finalmente, ocuparse de su coño que estaba muy húmedo. David, haciendo que se acostara en la cama y abriera las piernas, la acarició repetidamente la seta manteniéndola los labios vaginales muy abiertos; se la exploró de manera visual y táctil con detenimiento y la masturbó introduciéndola tres dedos. Marisol “rompió” con rapidez y al llegar al clímax expulsó sus habituales chorritos de pis. David, muy excitado, la abrió todo lo que pudo los labios vaginales y la comió la almeja. Era bastante evidente que a la hembra la gustaba puesto que no paraba de retorcerse; estaba completamente mojada y sentía un placer bastante intenso pero era incapaz de alcanzar un nuevo orgasmo. A pesar de ello, desde aquel día se hizo habitual que la masturbación y la comida del chocho formaran parte de sus sesiones sexuales al igual que la leche de David se depositara unos días en su boca y otros en su cara; en sus tetas ó en el canalillo; en el exterior de su coño ó en la raja de su culo.
Los dos se encontraban satisfechos con su actividad sexual y a pesar de que el tiempo pasaba y la confianza aumentaba, no parecían pensar en la posibilidad de completarla con la penetración. Hubo que esperar al sábado siguiente al día en que David cumplió cuarenta y tres años para que Marisol le hiciera un regalo sumamente especial. Ante la sorpresa del varón, la fémina, después de realizarle una mamada muy lenta hasta que el pene se le puso completamente tieso, se colocó en cuclillas sobre él y cogiéndole con la mano la pilila, se la introdujo en la seta y sin dudarlo, empezó a cabalgarle con intensidad. Marisol notó perfectamente como aquel gordo y largo órgano sexual la atravesaba el útero y sintió unas sensaciones tan placenteras que se corrió rápidamente mientras David, sin decir palabra, la apretaba las tetas. La mujer volvió a llegar al clímax un par de minutos más tarde y al hacerlo, echó una mayor cantidad de pis de lo habitual lo que excitó al hombre e hizo que, acto seguido, la soltara una gran cantidad de leche dentro de la almeja. “Quiero que me eches más” le dijo Marisol que, gratamente sorprendida al ver que volvía a ser multiorgasmica y que llegaba al clímax en múltiples ocasiones y hasta de forma casi consecutiva, le cabalgó con movimientos aún más rápidos hasta que logró que David la echara otra espléndida ración de semen y esta vez acompañada de una larga meada.
Desde aquel día las mamadas y las pajas quedaron en un segundo plano. A Marisol la encantaba que se la follara sintiendo una especial predilección por cabalgarle hasta que, al notar que David estaba a punto de correrse, se echaba sobre él cerrando bien sus piernas para que con la polla totalmente introducida en su chocho la echara bien profunda la leche. A David le agradaba tirársela colocada a cuatro patas puesto que así la hembra le mojaba los huevos y la parte superior de las piernas con los chorros de pis que expulsaba y él podía apretarla las tetas; mantenerla bien abiertos los labios vaginales ó hurgarla con sus dedos en el culo con lo que no le resultaba difícil provocarla la cagada. Pero al no querer descartar ninguna posición también lo hacían con David echado sobre Marisol y con la hembra acostada a lo ancho de la cama doblando las piernas sobre si misma ó colocándolas en los hombros de David, para que este se la follara manteniéndose de pie. A la mujer la gustaba esta posición puesto que, incorporándose un poco, podía excitarse aún más viendo como el rabo de David entraba y salía de su coño. Pero esta última posición sirvió para algo más ya que fue la elegida por el hombre para comenzar a darla por el culo. Después de haberla echado en dos ocasiones la leche y su consiguiente meada en el interior de la seta y de un corto periodo de masajes genitales, Marisol, acostándose en la cama, dobló sus piernas sobre si misma pensando en que David, que estaba muy excitado, la iba a volver a penetrar vaginalmente pero se encontró con la sorpresa de que, abriéndola todo lo que pudo el orificio anal con los dedos, procedió a meterla el pene por el culo. La hembra intentó evitarlo sobre todo pensando que con semejante pilila la iba a desgarrar el ano pero David, a pesar de su oposición, se la introdujo entera con relativa facilidad y en cuanto empezó a moverse, Marisol liberó su esfínter y se cagó. David la extrajo la polla y dejó que expulsara una gran cantidad de mierda mayormente líquida pero, en cuanto se redujo, la volvió a penetrar analmente. Mientras Marisol se mordía los labios a cuenta del dolor y se apretaba con fuerza las tetas, el hombre la mantenía muy abiertos los labios vaginales observando como salían unos pequeños chorros de pis. Con la punta del rabo completamente introducido en el intestino de la mujer y ante la sorpresa de la fémina, David “descargó” y muy a gusto, su leche por primera vez en el interior del culo de Marisol a la que la gustó sentir caer y de una manera tan abundante, el semen dentro de su trasero alcanzando un par de orgasmos prácticamente consecutivos para acabar meándose. Era la primera ocasión en que no se había sentido ultrajada al darla por el culo y además el hombre la había echado ese día tres veces la leche. Desde aquel momento, David la metía el pene analmente todas las semanas en busca de su tercera corrida e incluso, cuándo la fémina se encontraba con la regla, su contacto sexual se limitaba a darla por el culo con el inconveniente de que, aparte de escozores y molestias, en cuanto la soltaba el semen dentro del trasero la mujer no tardaba en verse afectada por un persistente proceso diarreico que, además de obligarles a acabar la sesión de manera precipitada para permitir que la hembra pudiera ir al water con intención de expulsar una gran cantidad de caca, obligaba a David a recoger a la salida de la catequesis a su hija y a la de Marisol, a la que acompañaba hasta su casa. Casi siempre, al llegar Rosana, su madre aún seguía en el water. Pero una práctica sexual anal tan continuada y las diarreas que sufría hicieron que Marisol perdiera peso y precisamente no la sobraba. Además David empezó a notarla desmejorada y decidió que, únicamente, la daría por el culo durante sus ciclos menstruales.
Como ninguno de los dos se planteaba la posibilidad de tener más descendencia a cuenta de su relación sexual, Marisol, temiendo que con las grandes cantidades de leche que David la echaba no iba a tardar en dejarla preñada, decidió comenzar a tomar anticonceptivos orales que enseguida tuvo que desechar al llenársela la zona vaginal y la parte inferior de las tetas de pequeños granos. Un par de semanas más tarde visitó a su ginecólogo para ponerse el DIU. Después compraron varios “juguetes” con el propósito de incrementar su grado de excitación sexual y a Marisol la gustaba que David utilizara con ella un vibrador metálico y un consolador de rosca provisto de estrías con el que se “vaciaba” con intensidad y rapidez diciéndole que la daba casi el mismo gusto que cuándo la metía su excepcional pilila de la misma forma que, puesto que a ella la enculaba, la agradaba darle por el culo con la ayuda de una braga-pene. Más adelante David comenzó a realizarla el fisting vaginal con el que Marisol llegaba al clímax una vez tras otra sin dejar de echar, en mayor ó menor cantidad, pis hasta que, empapada en flujo y sudor, alcanzaba orgasmos secos que la dejaban exhausta, temblorosa y con un molesto escozor vaginal que, durante unas horas, la impedían ponerse bragas y era especialmente intenso al mear.
Su relación sexual continuó desarrollándose y a plena satisfacción de ambos durante más de año y medio, los sábados por la tarde y los domingos por la mañana, al mismo tiempo que David se iba involucrando en los distintos proyectos de Marisol. El más conflictivo e importante fue el adquirir la otra buhardilla del edificio. La mujer, en cuanto se enteró del propósito de sus propietarios de venderla, se lo comunicó. El matrimonio que vivía en ella, después de que una de sus hijas con tendencia sexual lesbica decidiera irse a vivir con su pareja femenina y la mayor encontrara trabajo en otra ciudad, había decidido comprar una vivienda que tuviera ascensor y calefacción ya que ambos empezaban a ser mayores y sobre todo el hombre, con serios problemas de circulación en las piernas, apenas salía de casa para no tener que subir las escaleras. Marisol le explicó que, si la compraba, podía unirla a la suya y convertirlas en una vivienda digna con habitaciones un poco más amplias ya que en las actuales apenas había sitio para desenvolverse; subir todos los techos e instalar la calefacción eléctrica y un cuarto de baño completo puesto que sólo tenía inodoro y lavabo y Rosana se iba haciendo mayor como para seguir bañándola en la cocina con calderos ó para que, una vez a la semana, continuara molestando a los únicos vecinos del edificio que disponían de bañera para poder ducharla. David consiguió que, hipotecando ambas buhardillas, el Banco con el que trabajaba la diera un crédito que la permitió abonar la cantidad que el matrimonio pedía por la que había sido su residencia. Después comenzaron a estudiar proyectos para reformar íntegramente las dos buhardillas, convirtiéndolas en una vivienda y tras aceptar uno, se encontraron con un constante incremento del presupuesto inicial además del sobre coste que supuso el que, a cuenta de las obras, Marisol y Rosana tuvieran que abandonar durante tres meses el que era su domicilio para irse a vivir en alquiler a un piso antiguo cercano. Pero al empezar el verano y con la reforma a medias, surgió la crisis económica mundial y Marisol no tardó en verse afectada puesto que en una de las casas en que trabajaba la echaron explicándola que, aunque se encontraban muy contentos con ella, los incrementos que de manera continua estaba sufriendo la hipoteca de su vivienda les obligaba a prescindir de sus servicios lo que tuvo para la mujer unos efectos similares a los de un jarro de agua fría ya que, en aquellos momentos, era cuándo más necesitaba el dinero para poder pagar las obras; el alquiler de su residencia provisional y subsistir Rosana y ella que, aunque sin lujos, se habían acostumbrado a vivir de una manera un tanto desahogada. Por más que buscó no encontró otra ocupación con la que suplirla puesto que la poca oferta que existía no tardaba en ser cubierta por inmigrantes y a unos precios irrisorios. David, a pesar de no andar demasiado boyante en el terreno económico, quiso ayudarla pero Marisol se negó a aceptar su dinero diciéndole que, aunque mermaban muy rápidamente, aún la quedaban algunos ahorros. Cuándo parecía que la mujer se iba a encontrar en una situación bastante comprometida al no poder hacer frente a los pagos que se la venían encima, dio con una posible solución y el sábado siguiente le dijo a David que podía ayudarla al mismo tiempo que sacaba mayor partido a su descomunal polla y se aseguraba el echar un par de polvos diarios. El hombre, sorprendido, la dijo que no llegaba a entender sus palabras y Marisol le explicó que podía convertirse en puto y cobrar por hacer algo a lo que ningún hombre ponía la menor pega: follar. David no salía de su asombro por lo que la fémina le explicó que en una de las casas en las que seguía trabajando y en donde su ocupación laboral consistía en preparar la comida y lavar, tender y planchar la ropa, vivía con todo tipo de lujos un matrimonio con su hija de dieciséis años que, además de ser sordomuda de nacimiento, había quedado parapléjica tras un accidente y llevaba bastante tiempo postrada en la cama. La madre buscaba a un hombre hecho y derecho, educado, discreto, sensible, bien dotado y a ser posible, conocido que, a cambio de dinero, se cepillara a la hija, llamada Mireya, puesto que algunos médicos consideraban que una práctica sexual continuada podía resultar beneficiosa para evitar que entrara en coma. Marisol entendía que David era el hombre adecuado para ocuparse de ese cometido y estaba casi segura de que la madre pagaría por ello una buena cantidad de dinero con la que podría afrontar todos los gastos que tenía e incluso, sobraría para poder repartirse.
Al igual que cuándo comenzó su relación con Marisol, David estaba lleno de dudas pero la mujer, con una imperiosa necesidad del dinero y demostrando que era mucho más decidida que él, hizo el lunes siguiente la oportuna propuesta a la madre, que se llama Maria Paz (Paz). Esta la dijo que tenía que conocer al hombre y “catar” debidamente su miembro viril pero que, si todo resultaba tan satisfactorio como la había indicado, la gratificaría generosamente. El martes, al terminar de comer, David quedó con Marisol para ir a entrevistarse con Paz que vivía en un amplio chalet en una zona residencial. La mujer los recibió en un salón, sonriente, enjoyada y vestida de una forma muy elegante a la vez que sugerente. Era de estatura normal, delgada, morena con el pelo rizado y estaba realmente apetecible. En cuanto se sentaron, Paz cruzó las piernas con la clara intención de lucirlas y se puso bien el escotado “modelito” de color blanco con adornos dorados que llevaba puesto para que el hombre se fijara en sus tetas. David no tardó en percatarse de que aquella casa era una especie de mansión señorial, repleta de criadas y sirvientas y que la fémina no tenía otra ocupación que no fuera el fumar un cigarro tras otro, “lucir su palmito” e idear planes tan maquiavélicos como aquel. Paz, sin dejar de sonreír, le pidió que se desnudara y la enseñara el rabo. En cuanto David se quitó la ropa, se quedó maravillada ante el pene que se mostraba ante sus ojos y tras hacer que se acercara a ella, comenzó a tocárselo para comprobar su dureza al igual que hizo con los huevos comentando que tenía que haber mucha leche depositada en ellos. Después de moverle la pilila con su mano durante poco más de un minuto, le bajó de golpe toda la piel y tras contemplarla en todo su esplendor y pasarle varias veces la lengua por la abertura, se la introdujo en la boca y la chupó. Aunque haciéndole felaciones era como más tiempo aguantaba la corrida, en aquella ocasión David fue muy rápido echándola en la boca y en la garganta una gran cantidad de leche. La mujer se la tragó integra y continuó chupándole la polla, con esmero y ganas, durante varios minutos más. Cuándo se la sacó de la boca, le besó unas cuantas veces la punta del rabo y le dijo que, además de estar dotado de un pene excepcional, su leche era abundante y muy sabrosa. Haciendo que se diera la vuelta, le abrió el ano con sus manos y tras obligarle a doblarse, dijo: “Este si que es un buen culo” y sin dudarlo, procedió a hurgarle en su interior con un dedo al mismo tiempo que con la mano izquierda le acariciaba los huevos. Marisol aprovechó aquellos instantes para masajearle la pilila de manera que cuándo la mujer se cansó de andarle en el trasero, le sacó el dedo y mientras lo olía David se dio la vuelta, se encontró, de nuevo, con su polla totalmente tiesa y dispuesta a echar otra ración de leche. La fémina, visiblemente excitada, se incorporó de su asiento y diciendo a Marisol que esperara allí, le cogió de la mano y le hizo acompañarla a su habitación en donde, quitándose con rapidez la braga de color blanco llena de encajes que llevaba puesta, se acostó en la cama muy abierta de piernas y subiéndose el vestido, le dijo: “Jódeme”. David se echó sobre ella y la introdujo el rabo en la almeja. Paz estaba muy húmeda y en cuanto el hombre empezó a moverse exclamó: “Que gustazo, me viene el orgasmo, me voy a correr ya” y efectivamente, entre jadeos, llegó al clímax para repetir otra vez antes de que David la echara dentro del chocho su leche, junto a una copiosa y larga meada, mientras el cuerpo de la mujer se estremecía de placer y alcanzaba el orgasmo en dos ocasiones casi consecutivas. Paz, agarrándole con sus manos la masa glútea para apretarle con fuerza contra ella, le obligó a seguir “jodiéndola” alternando movimientos lentos con otros rápidos hasta que unos minutos más tarde y cuándo la fémina comenzó a no retener el pis y se la salieron unos chorros, el hombre volvió a correrse con lo que la hembra llegó y de una forma impresionante, al clímax por séptima vez. David, con la espalda llena de arañazos, aprovechó aquellos momentos para decirla: “Meate ahora en condiciones, guarra”. Paz le contestó que nunca lo había hecho con un pene dentro pero, tras siete orgasmos, mojó al hombre con su pis y de manera abundante, en cuanto se lo propuso. David la sacó, unos segundos después, la pilila. Se levantaron y Paz, tras acceder a que se quedara con la braga, reconoció que hacía mucho tiempo que había dejado de tener interés por hacerlo con su marido al mismo tiempo que deseaba encontrar a un semental que la “jodiera” con ganas y la dejara pletórica y al parecer, había dado con él ya que, además de admirada, se encontraba realmente complacida. A David le pareció que aquella fémina, además de puta, era una autentica ninfómana deseosa de “fumar” vaginalmente y ser mojada. Cuándo volvieron al salón y se unieron a Marisol, les habló de pagarles seiscientos Euros mensuales a cambio de que David “jodiera” diariamente a su hija y a días alternos a ella. Como Marisol sabía que el dinero no era precisamente lo que la faltaba a Paz, la pidió mil que debía de pagar por adelantado. La mujer aceptó sin molestarse en regatear para, acto seguido, indicar que de lunes a sábado y entre las once y las doce del mediodía, que era cuándo David podía ausentarse sin demasiados problemas de su trabajo, debía de “joder” a su hija y si lo deseaba, a las sirvientas que la atendían mientras que los lunes, miércoles y viernes tendría que hacerlo con ella a las cuatro de la tarde. Existió pleno acuerdo para aceptar aquel calendario sexual aunque el hombre pensó que una actividad tan continuada podía resultar excesiva para Mireya. Marisol aprovechó la ocasión para pedirla a Paz el dinero con el que poder terminar de pagar, sin verse en más agobios, las obras de reforma de su domicilio y la mujer accedió a financiarla lo que la quedaba por abonar a cambio del compromiso formal de David de “joderlas” a Mireya y a ella hasta que Marisol la devolviera íntegra la cantidad prestada y sus intereses. Acto seguido se dirigieron a la habitación de la joven con la intención de que el hombre pudiera conocerla. Se encontraba en compañía de Virginia, una de sus sirvientas personales, cuya misión principal era permanecer junto a la cría pendiente de cualquier movimiento que hiciera con los ojos, que era su único medio de comunicación. David centró su mirada en la sirvienta que era alta, muy delgada, joven y rubia. Vestía el clásico uniforme de criada pero el suyo era muy ceñido y corto. Viendo que David no dejaba de mirarla, Paz le dijo: “No te preocupes que a esta golfa, en cuanto vea la descomunal polla que tienes, la encantará estar a tu servicio y podrás disponer libremente de su cuerpo ya que es una zorrita a la que la gusta estar entre mis piernas para comerme el coño y que me mee encima de ella”. A la chica, al ver desvelados sus secretos más íntimos, se la puso la cara roja como un tomate y no sabía donde meterse. David evitó continuar mirándola para centrarse en Mireya que era una joven morena, guapa, de una estatura normal y una constitución ligeramente gruesa. El hombre viéndola impasible, acostada en la cama, pensó que el hacerlo con ella iba a ser menos excitante que follarse a una mujer de edad avanzada ó a una muñeca hinchable. Cuándo, a indicación de Paz, Virginia la destapó y la levantó el camisón hasta los hombros, David vio que tenía puesta una sonda vaginal que la obligaba a permanecer con las piernas abiertas. El hombre la examinó visual y táctilmente primero las tetas, que eran grandes, gordas y prietas como las de su madre, para continuar con la seta observando que, cuándo la acarició la raja vaginal, la joven se meó y por la sonda pasó un montón de pis y finalizar, tras conseguir darla la vuelta, con el culo que era bastante más voluminoso de lo que a él le gustaba pero que, según pudo comprobar metiéndola dos dedos en el ano, resultaba muy tragón. Después de aquel reconocimiento y de que Paz la recalcara a Virginia que, tanto ella como la otra sirvienta que se ocupaba de Mireya, debían de “colaborar en todo” con David y que serían debidamente gratificadas por ello, regresaron al salón donde la mujer entregó en efectivo a Marisol los mil Euros correspondientes a la primera mensualidad mientras le decía al hombre que quería que realizara un trabajo realmente fino y que debía de empezar con su cometido al día siguiente, que era miércoles.
Al salir de la casa, David mostró a Marisol la elegante braga blanca de Paz con la que se había quedado y la dijo que estaba ligeramente mojada y olía a hembra. Aquello hizo pensar a la fémina que si la conseguía las prendas íntimas de aquella mujer y de las sirvientas de Mireya podía unirlas a las suyas y a los excrementos que pudiera recoger de tales hembras e intentar comercializar con la ropa interior, especialmente si estaba empapada en pis y con señales bastante evidentes de caca, para obtener unos ingresos extraordinarios con los que devolver con mayor rapidez a Paz el préstamo y liberarle del compromiso que se había visto obligado a aceptar. Al hombre la idea le pareció un tanto descabellada pero, como podía resultar muy rentable, la dijo que intentaría hacerse con las prendas íntimas y los excrementos de las mujeres.
David estaba convencido de que le iba a resultar muy poco gratificante el follarse a un vegetal como Mireya pero las circunstancias hicieron que no tardara en darse cuenta de que estaba equivocado. Al acudir a su primera cita, Virginia le abrió la puerta y le acompañó a la habitación de la joven. La sirvienta le comunicó que Paz, a aquellas horas, se encontraba en clase de aeróbic y que bajo ningún concepto se la podía molestar y que como ella era la que, normalmente, acompañaba a la joven por la mañana sería con la que más contacto tendría. Mientras Virginia se encargaba de quitar a Mireya el camisón y la sonda, David procedió a desnudarse. La sirvienta se mostró gratamente sorprendida al ver las excepcionales dimensiones del miembro viril del hombre y refiriéndose a la cría, le dijo que aquella golfa merecía que la metiera el rabo bien profundo; la “jodiera” con ganas y la llenara de leche. De acuerdo con las instrucciones de Paz y con la intención de ganarse la gratificación prometida, Virginia se ocupó de chuparle el pene hasta que se le puso totalmente tieso. David, abriendo más las piernas a Mireya, se echó sobre ella, la metió la pilila en la almeja y comenzó a moverse con movimientos bastante rápidos como queriendo acabar con aquello lo antes posible. La sirvienta, que conocía todas las indicaciones que Mireya hacía con sus ojos, exclamó: “Mira como la gusta a la muy puta”. La joven no dejaba de mearse y alcanzaba un orgasmo tras otro pero David no terminaba de centrarse al no escuchar sus gemidos y jadeos de placer. Virginia, que no dejaba de insultar a Mireya, se encargó de solucionarlo acariciándole los huevos y a petición de David, le hurgó con dos dedos en el culo en todas las direcciones haciendo que, en ciertos momentos, el hombre no supiera con certeza si estaba a punto de correrse ó de cagarse. Aquello funcionó ya que, enseguida y sintiendo un gusto enorme, “descargó” en el interior del chocho de Mireya mientras Virginia le decía que la echara mucha leche para ver si dejaba preñada a aquella cerda. Un poco después David la sacó la polla e hizo que Virginia se la acariciara durante unos minutos antes de que se la volviera a chupar. El hombre esperó hasta que estuvo a punto de correrse para dar por acabada la felación y dándose prisa, se volvió a echar sobre Mireya, que estaba completamente empapada, la penetró vaginalmente y en pocos segundos, se corrió en su interior. En esta ocasión la leche salió junto a su abundante meada logrando que Mireya alcanzara una amplia serie de orgasmos. Mientras David continuaba follándose a la cría con movimientos rápidos, Virginia, sin dejar de acariciarle los huevos y de hurgarle en el culo, le explicó que Mireya se encontraba en aquel estado por lo puta que había sido durante su pubertad. Un par de compañeros del colegio de educación especial al que asistía la convencieron de que siendo sordomuda no iba a tener demasiadas oportunidades para relacionarse sexualmente. De esta forma lograron que la cría les dejara tocarla para no tardar en empezar a masturbarla y enseñarla a hacerles mamadas y pajas. Unas semanas más tarde y usando condón, la penetraron vaginalmente. A Mireya la agradó y tras hacerlo regularmente con ellos durante una buena temporada, decidió unirse a un nutrido grupo de amigos, mayores que ella y algunos casados y con hijos, que, tras facilitarla varias cajas de anticonceptivos orales, la “jodieron” todo lo que quisieron. Otro grupo de hombres quiso hacer lo mismo y aunque algunos llegaron a tirársela, al enterarse los primeros tomaron represalias contra el segundo grupo que, a su vez, desencadenaron sus iras con Mireya a la que retuvieron contra su voluntad, atada de pies y manos y pasando mucho frío, durante más de tres días violándola repetidamente y pegándola brutales palizas. Uno de los miembros del grupo se compareció de ella después de cepillársela. La liberó de sus ataduras y la sacó totalmente desnuda del lugar en el que estaba retenida. Cogiendo su coche intentó devolverla a su domicilio pero los demás miembros del grupo, al darse cuenta de lo que pretendía, se apresuraron a salir en su persecución y el chico, que circulaba a una velocidad excesiva, se estrelló contra un árbol muriendo en el acto mientras Mireya, a pesar de que pudo recuperarse de las contusiones y múltiples heridas que sufrió, se convirtió en un vegetal. Los médicos que la atendían habían indicado a su madre, hacía poco más de un mes, que se encontraba en una fase terminal y que, en cualquier momento, podía entrar en coma para, poco después, morir. Como la única manera de evitarlo durante unas semanas ó unos meses era desarrollar una actividad sexual continuada, Paz, que pretendía que su hija pudiera descansar eternamente saciada de sexo y con el coño repleto de leche, le había contratado para aquel menester.
Como la cría no podía hacer nada por oponerse, ni tan siquiera quejarse, Virginia aprovechó el inicio de la relación sexual entre David y Mireya para comenzar a sacar provecho de ello. En principio la introducía todo tipo de “juguetes” tanto a solas como delante del hombre que, a su vez, la enseñó a vaciarla la vejiga urinaria obligándola a echar su pis al más puro estilo fuente a base de apretársela desde el exterior ó el interior de la seta. La sirvienta, asimismo, logró que David diera a la cría por el culo, a días alternos, provocándola unas monumentales cagadas con las que Mireya ponía toda la cama perdida de mierda tanto al introducirla analmente el rabo como en el momento en que se corría. Unas semanas más tarde y encargándose Virginia generalmente de la almeja de la cría y David del culo, la realizaban un exhaustivo y largo fisting, vaginal y anal al mismo tiempo, consiguiendo que Mireya se “vaciara” por completo y que, tras un par de orgasmos secos, llegara al límite de sus fuerzas, a pesar de lo cual Virginia la continuaba forzando por vía vaginal a dos puños sin dejar de insultarla. Finalmente, decidieron que el hombre se follara a la sirvienta, colocada a cuatro patas quedando de acuerdo en que, cuándo la metiera el pene en el chocho, se lo extraería al sentir su eminente corrida para acostarse sobre Mireya y echarla la leche dentro del coño. De esta manera, Virginia supo mantener a David excitado y se hizo habitual que en cada sesión echara en tres ocasiones su leche.
Aunque Marisol no tardó en usarlos, a David le encantaba que Virginia fuera la única mujer con la que se relacionaba sexualmente que, aparte mantener depilada la seta, utilizaba tangas y con muy poca tela. A la hembra no la importaba que David se quedara con sus prendas íntimas después de usarlas y que, sin tener en cuenta a Mireya que no podía hacer nada por evitarlo, también fuera la única que, aparte de no oponerse a que la penetrara analmente, le animaba a que lo hiciera diciéndole que desde que la enculaba había logrado superar su estreñimiento crónico y ahora era mucho más regular defecando. El gran interés que la chica demostraba por el sexo anal hizo que, además de en el domicilio de Paz, David no dudara en darla por el culo en ascensores; en el water de algunas cafeterías e hipermercados; en el despacho de su oficina y en la plaza de garaje que tenía en el sótano del edificio en el que residía. Después de varias semanas de relaciones sexuales, sobre todo anales para las que siempre estaba especialmente predispuesta, David y Marisol se enteraron de que, desde hacía dos años, tenía novio formal. Virginia les explicó que no había considerado que tal hecho fuera importante de cara a su nueva relación y que, además de que las dimensiones de la pilila de su novio no se asemejaban ni remotamente a las del miembro viril de David, su pareja la decía que, disponiendo las mujeres de una almeja en la que “descargar” la leche, no le parecía natural que se llegara a practicar el sexo anal, que consideraba como algo antihigiénico e impuro, por lo que se negaba a darla por el culo aunque, según la chica, tampoco se prodigaba en penetrarla vaginalmente y lo único que quería era verla totalmente desnuda para tocarla hasta la saciedad antes de que le chupara la polla mientras ella se masturbaba.
Por la tarde Paz, que siempre le esperaba en su habitación en lencería fina de color blanco y con la vejiga urinaria bien llena para que, acariciándola la raja vaginal por encima de la braga mientras la besaba y la mamaba las tetas, la hiciera echar su pis al más puro estilo fuente y empapando la prenda íntima, quiso dejar bien claro desde el primer momento que la agradaría que la tratara como a una golfa pero sin olvidarse de que era ella quien le pagaba. Por de pronto, le exigió que los martes y jueves, después de comer, “jodiera” a su amiga Natividad (Nati) sin que ello la supusiera ningún incremento en la cantidad mensual que pagaba ya que esos dos días los tenía libres tras haber considerado que no disponía del poder de recuperación de una chica joven como para pensar en hacerlo con él diariamente. Le recalcó que, ante todo, quería discreción y seriedad ya que no tenía que olvidar que tanto su amiga como ella se encontraban “felizmente” casadas.
La relación sexual de David con Paz se centró en follársela vaginalmente sobre todo acostado sobre ella; mediante cabalgadas ó con la mujer colocada a cuatro patas para echarla en cada sesión dos polvos y una buena meada dentro del chocho. A Paz la gustaba chuparle lentamente el rabo hasta ponérselo totalmente tieso sin importarla que, en más de una ocasión, se corriera en su boca; que la mamara y la apretara las tetas como si se las quisiera ordeñar y que, dedicando bastante tiempo a este cometido, se ocupara de comerla el coño al mismo tiempo que la hurgaba en su interior con dos dedos. Pero lo que más la excitaba era mearse encima de David tras alcanzar un par de orgasmos y que el hombre se bebiera su pis. A Paz tampoco la importaba que la lamiera el ano ya que solía aprovechar para tirarse unos cuantos pedos ó que la introdujera dos dedos en el interior del culo y la hurgara con ellos en todas las direcciones hasta que, la mayoría de los días, lograba provocarla la cagada que, incluso, llegaba a retener durante horas para que David se la sacara y pudiera “degustarla” según salía de su culo pero cuándo hacía el menor intento por penetrarla analmente se encontraba con la oposición de la fémina que, además, se ponía como una autentica fiera. Paz, queriendo zanjar el asunto, le dijo que si quería darla por el culo tenía que ganárselo y le prometió no ponerle ninguna pega y colaborar si conseguía dejarla preñada. David aceptó el reto sabiendo que en una relación que había mantenido años antes con dos funcionarias, compañeras suyas en el trabajo, que deseaban convertirse en madres solteras y estaba a punto de “pasárselas el arroz”, a base de hacerlo regularmente, había tardado poco más de tres meses en dejar en estado a la primera mientras que la segunda se resistió bastante más hasta que, tras casi año y medio follándosela, también quedó preñada pero se interesó por conocer a quien pensaba “enjeretar” el hijo que la engendrara. Paz le contestó: “Por eso no te preocupes puesto que, si lo logras, haré que el cabrón de mi marido lo acepte como suyo aunque sepa que no lo es a menos que quiera que le hunda en la miseria”. Durante el pasado mes de Noviembre se confirmó el embarazo de Paz que, al producirse cuándo la fémina tiene cuarenta y dos años, se consideró de alto riesgo aunque, hasta ahora, todo se desarrolla con absoluta normalidad. Desde aquel momento y cumpliendo con su promesa, permite que David la penetre analmente siempre que lo desea. El hombre ha podido comprobar que Paz sabe retener perfectamente la salida de su mierda hasta que, después de correrse, la extrae el pene del trasero momento para el que siempre suelen tener preparado un orinal en el que poder depositar la caca.
Con su amiga Nati, que desconoce el acuerdo económico existente entre David y Marisol y Paz, la relación resultó, desde el primer momento, mucho más afable y cordial. Se trata de una mujer de complexión y estatura normal, morena y muy atractiva a la que su limitado grupo de amigas ha puesto el apelativo de “calienta pollas”. Disfruta, al igual que Paz, de una posición bastante desahogada aunque Nati trabaja, aunque sólo sea por la mañana, en una gestoría administrativa mientras que la tarde suele pasarla en compañía de su amiga y muchos días de compras. Acaba de sobrepasar la barrera psicológica de los cuarenta años y tras estar unos meses manteniendo sesiones sexuales lesbicas con Paz, ha visto en David su última posibilidad de ser madre después de que la relación que mantiene con su marido, al que en los dos últimos años han “complacido” sexualmente dos “amiguitas” que le sacan todo el dinero que pueden, lleve bastante tiempo siendo nula. Nati, además es mucho menos dominante que Paz y desde el principio, se mostró en buena disposición de llevar a cabo todo lo que David la indicaba. El hombre la hizo perder rápidamente su virginidad anal y aunque la causa estragos dentro del culo cada vez que la introduce su descomunal pilila, Nati le permite que la penetre por el trasero siempre que quiera a pesar de que la costó bastante superar la vergüenza que pasaba cada vez que liberaba su esfínter y sin poder hacer nada por evitarlo, se la salía la caca. Pensaba que una mujer no podía alcanzar más de cuatro ó cinco orgasmos y actualmente, ella los supera con creces en cada una de las sesiones sexuales que lleva a cabo con David puesto que, en cuanto la introduce la polla, llega al clímax y repite con frecuencia, sobre todo al notar caer la leche del hombre en su interior y más si, al ser su segunda corrida, se une a su meada habitual. Consideraba que el cagar y el mear era algo muy íntimo pero no se opuso a realizar sus necesidades delante de David a pesar de que, hasta que se hizo, la resultó de lo más asqueroso y repugnante verle beber su pis según salía de su seta ó comerse la mierda directamente de su culo. Actualmente, se mea y en cantidad, de gusto cada vez que David se la cepilla. Nunca la habían hecho un fisting y aunque siempre termina con escozor, incontinencia urinaria y ciertas molestias vaginales, la gusta que David la meta su puño dentro de la almeja y la fuerce con todas sus ganas mientras ella siente como la hurga en todas las direcciones intentando, una y otra vez, atravesarla por completo el útero. David se encuentra muy a gusto y relajado con ella y cuándo se enteró del embarazo de Paz lamentó que no hubiera sido Nati la preñada. La mujer, resignada, le dijo: “Debemos de tener paciencia y continuar intentándolo para ver si me haces otro “bombo”.
Pero David no se olvidó en ningún momento de Marisol a la que siguió dedicando la hora y medía de los sábados por la tarde y los cuarenta y cinco minutos de la mañana de los domingos. La fémina le estaba muy agradecida por haberla permitido mantener e incluso, mejorar su nivel de vida mientras el hombre se mostraba satisfecho de que, gracias a ella, su actividad y potencia sexual se hubiera acrecentado de aquella manera. David no quiso nunca su parte de la cuota mensual que les pagaba Paz ni de los ingresos extraordinarios que Marisol lograba con la venta de la ropa interior usada por Nati, Paz y Virginia que David solía quedarse con la intención de dársela para que, junto a algunos leotardos y pantys y la que ella utilizaba, la comercializara al igual que los excrementos de las mujeres que el hombre recogía en recipientes de cristal.
Con las obras acabadas después de que resultara mucho más complicado de lo previsto el elevar y nivelar los techos, a finales del mes de Septiembre Marisol y Rosana volvieron a residir en la buhardilla en la que se había desarrollado la mayor parte de su vida, ahora convertida en una confortable vivienda con tres habitaciones bastante amplias, un gran salón, cocina, cuarto de baño completo y calefacción eléctrica. Marisol consiguió que Paz la hiciera un nuevo préstamo para poder amueblarla a su gusto. Durante el mes de Octubre la leche de David debió de tener una mayor concentración de espermatozoides ó estos fueron mucho más activos puesto que al embarazo de Paz se unió el de Marisol que, al ver que acumulaba un importante retraso con su regla, acudió a mediados de Diciembre a la consulta de su médico de cabecera que no tardó en decirla que estaba preñada. La mujer se mostró muy sorprendida y le dijo que era imposible puesto que tenía puesto el DIU. El médico decidió enviarla al ginecólogo para que la mirara. Al encontrarme esa tarde de guardia me tocó examinarla viendo que, como Marisol no acudía a la consulta de su ginecólogo con la frecuencia debida, había sido imposible detectar que el dispositivo se había movido facilitando el embarazo. La fémina se sintió contenta y disgustada al mismo tiempo y no se decidió a comunicarle la noticia a David hasta el pasado día 27 de Diciembre. El hombre la recibió con la misma alegría y sorpresa que ella. Aún no se han centrado en pensar las consecuencias que este embarazo puede tener pero Virginia les ha aconsejado que es el momento adecuado para que David deje a María y complete su vida sexual con la sentimental al lado de Marisol que, a su vez y con la idea de complacer a David, no descarta la posibilidad de que Virginia, que tiene la idea de dejar a su novio con el que no hace más que pelearse, abandone su actual habitación en el domicilio de Paz para vivir con ellos y las respectivas hijas de David y Marisol. De momento y desde que se enteró de que Marisol estaba embarazada, que fue el “bombazo” de las fiestas de Navidad, David de lo único que se ha ocupado es de pedir la patria potestad de su hija sin que María, que aunque sospecha desde hace tiempo que mantiene relaciones sexuales fuera de casa sin que la preocupe demasiado, sepa nada. El lograrlo parece que sólo será cuestión de tiempo puesto que su actual pareja no dispone de vivienda ni de trabajo. Por otra parte, el estado de Mireya, tras una evolución muy favorable desde que comenzó a follársela, ha empeorado en las últimas semanas. Los médicos, que no descartan internarla en los próximos días, esperan que, de un momento a otro, entre en coma ó incluso, que fallezca. Paz se ha apresurado a decirle a David que, si su hija muere, dejará de pagarles la cuota mensual puesto que, a pesar de su embarazo, continúa ligado sexualmente a ella y debe de continuar jodiéndola con regularidad hasta que Marisol la devuelva todo el dinero que la ha prestado lo que, a pesar de la alta rentabilidad que obtiene con la comercialización de las prendas íntimas y siempre que no disminuya el actual interés por la ropa interior, especialmente los tangas usados por Marisol y Virginia completamente empapados en pis y por los excrementos femeninos, puede suponer un mínimo de tres años. Por otro lado, David pretende continuar manteniendo contactos sexuales con Nati, al menos durante una temporada para ver si tiene otra buena racha y logra dejarla en estado y con Virginia, que se quedará sin trabajo si Mireya fallece, a la que la excita que se la cepille y la de por el culo delante de Marisol. Por su parte, a Marisol no la importa volver a mejorar su calidad de vida residiendo en el amplio domicilio de David puesto que lo que quiere es tenerle a su lado y ser felices en compañía de sus respectivas hijas, de lo que venga y de Virginia, en el caso de que se decida a compartir su vida con ellos, sin plantearse el abandonar la pequeña y vieja buhardilla, ahora convertida en una cómoda y moderna vivienda, en la que ha residido la mayor parte de su vida